La CNMC insta al Gobierno a que modifique la regulación del sector de los servicios VTC

La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) acordó solicitar al Consejo de Ministros que derogue las “restricciones a la competencia” contenidas en el Real Decreto 1076/2017, por el que se establecen normas complementarias al Reglamento de la Ley de Ordenación de los Transportes Terrestres en relación con la explotación de las autorizaciones de arrendamiento de vehículos con conductor. Según fuentes de este organismo, “este requerimiento constituye un paso previo a la interposición de un recurso contencioso-administrativo”.  En noviembre de 2017, la CNMC ya elaboró un informe sobre el proyecto de Real Decreto, en el que alertaba sobre las restricciones a la competencia que incluía y su falta de justificación.

La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) acordó solicitar al Consejo de Ministros que derogue las “restricciones a la competencia” contenidas en el Real Decreto 1076/2017, por el que se establecen normas complementarias al Reglamento de la Ley de Ordenación de los Transportes Terrestres en relación con la explotación de las autorizaciones de arrendamiento de vehículos con conductor. Según fuentes de este organismo, “este requerimiento constituye un paso previo a la interposición de un recurso contencioso-administrativo”.  En noviembre de 2017, la CNMC ya elaboró un informe sobre el proyecto de Real Decreto, en el que alertaba sobre las restricciones a la competencia que incluía y su falta de justificación.

Algunas de estas barreras son la prohibición de comerciar con las licencias de Vehículos de Transporte Concertado (VTC) durante dos años, y la obligación de los titulares de las VTC a comunicar a un registro administrativo los datos de cada viaje antes de su realización. Se añade, además, que “no se aprecian motivos que justifiquen la creación de un registro a escala nacional, donde deban figurar singularmente cada uno de los servicios prestados por cada operador antes de que se realicen”.

La regulación de este sector también se está abordando a nivel regional. Es el caso de Cataluña, donde el Área Metropolitana de Barcelona (AMB) ha aprobado el reglamento que regulará la actividad del alquiler de vehículos con conductor, un servicio que ofrecen plataformas como Uber o Cabify y que a partir de ahora requerirá de una autorización previa. Según los representantes del AMB, “se ha tomado como referencia la proporción de un vehículo VTC por cada 30 taxis”. Por otra parte, para la Federación Española del Taxi (Fedetaxi) “es necesario implementar políticas de reordenación del transporte urbano en España que eviten su judicialización y la implantación de un sistema que permita a los taxistas ofrecer descuentos para competir con las multinacionales de vehículos con licencia VTC”.  Esta tendencia regulatoria ofrece una oportunidad para que los agentes sociales puedan desplegar sus acciones de lobby y comunicación para trasladar sus intereses a los responsables públicos.

La CNMC está legitimada, de acuerdo con el artículo 5.4 de la Ley 3/2013, para “impugnar ante la jurisdicción competente los actos de las Administraciones Públicas sujetos al Derecho administrativo y disposiciones generales de rango inferior a la ley de los que se deriven obstáculos al mantenimiento de una competencia efectiva en los mercados”. El organismo regulador lleva tiempo alertando de su preocupación sobre la regulación nacional de los servicios VTC y el efecto sobre los consumidores; en abril de 2016, se impugnaron dos normas del Ministerio de Fomento en este sector, el Real Decreto 1057/2015, del 20 de noviembre, y la Orden FOM/2799/2015, de 18 de diciembre.

Álvaro Sanz López

Ejecutivo de Cuentas

La empresa familiar, un bien social a preservar

“Las empresas familiares representan el 70% del empleo privado, parece evidente que el crecimiento medio de la empresa familiar es un indicador fiable de la evolución de la economía”.

“Las empresas familiares representan el 70% del empleo privado, parece evidente que el crecimiento medio de la empresa familiar es un indicador fiable de la evolución de la economía”.

La empresa familiar es un bien social a preservar. Esta es una de las conclusiones del informe “Factores de competitividad y análisis financiero de la empresa familiar”, del Instituto de la Empresa Familiar y la Red de Cátedras de Empresa Familiar. Ya en el prólogo lo anuncia Rami Aboukhair, consejero delegado de Banco Santander España, y es que el informe, en el que han participado casi 50 universidades, aporta datos que así lo respaldan. Datos como el número de empleados por millón facturado (5 en el caso de empresas familiares, 3 en el resto), que reflejan el compromiso de la empresa familiar con el empleo, a costa incluso de mayores beneficios. Otro dato que ilustra de manera clara el valor social de la empresa familiar es su tasa de “mortalidad”, que se encuentra bastante por debajo —en caso de las empresas pequeñas hasta tres puntos porcentuales— de la que afrontan las no familiares. Esto tiene una explicación bastante simple: las empresas familiares tienen un compromiso con la permanencia en el tiempo, una proyección a largo plazo que permita la supervivencia de la empresa y el relevo generacional.

Tres son los factores clave de competitividad para las empresas, según el informe: dimensión, formación e innovación. De los tres, el más determinante es la dimensión, pues además de tener un impacto directo en la capacidad de las compañías de innovar y formar a sus empleados, es el elemento fundamental que permite mejoras en rentabilidad y productividad.

Sin embargo, el entorno regulatorio está lleno de trabas al crecimiento de las empresas. Según Juan Corona, director general del Instituto de Empresa Familiar “determinadas obligaciones de tipo tributario, mercantil y laboral impiden que las compañías superen los 49 empleados, ya que las empresas de ese tamaño no tienen la capacidad de soportar departamentos jurídicos y administrativos que les permita cumplir con esas obligaciones”. Es decir, en el momento en que una empresa pasa a ser considerada mediana, se le plantean unas exigencias que suponen unos sobrecostes importantes, poniendo en jaque su viabilidad. De esta forma, se desincentiva el crecimiento de nuestras empresas, con repercusiones negativas en la economía española, en términos de competitividad y empleo. Si, además, tenemos en cuenta que un mayor tamaño empresarial incrementa la probabilidad de perdurar en el tiempo, las políticas públicas deberían estar dirigidas precisamente a incentivar el crecimiento.

Considerando que las empresas familiares representan el 70% del empleo privado, parece evidente que el crecimiento medio de la empresa familiar es un indicador fiable de la evolución de la economía. El 90% de las empresas familiares son pequeñas o micro, por lo que nos queda mucho trabajo por hacer. No sería descabellado afirmar que las políticas encaminadas a favorecer el desarrollo de la empresa familiar tendrán un impacto directo, positivo, en la economía española.

En un momento con cambios políticos importantes, y a las puertas de un 2019 que acumulará varios procesos electorales, se ha abierto el debate sobre varios aspectos clave para la empresa familiar. La carga fiscal que implican los impuestos de sucesiones, donaciones y patrimonio es, sin duda, una de las máximas preocupaciones de este colectivo. Será crucial, de cara a posibles cambios, la estrategia de lobby perseguida, así como la coordinación entre intereses regionales y del conjunto de la nación.

Pepe Fernández-Rúa

Director Asociado en Cariotipo