Realismo e innovación

“El Gobierno británico quiere acabar con el tabaquismo en 2030”

Está comprobado hasta la saciedad –se pueden contar por decenas de miles los estudios científicos en todo el mundo – que señalan al tabaquismo como el causante de cánceres y enfermedades cardiovasculares. Y esto se sabe, desde hace años. Hace décadas se empezaron a implementar las principales estrategias de control de este hábito, principalmente dirigidas a la cesación y a la no iniciación.

No cabe duda que estas políticas han dado resultado en los últimos cuarenta años, en los que han bajado el número de fumadores. Sin embargo, parece han tocado techo en la última década, donde la bajada se ha suavizado, llegando incluso a repuntar como es en el caso de España. Por ello, es necesario contemplar nuevas estrategias complementarias a las existentes para no solo disminuir las tasas de fumadores al máximo, sino también reducir los daños asociados al tabaquismo para los que no pueden o no quieren dejar el hábito.

Así, lo más novedoso, llamativo, realista e inteligente en la actualidad, es la actitud del Gobierno británico, que acaba de hacer público el documento “Advancing our health: prevention in the 2020s- consultation document”. Un documento ambicioso en el que se aborda su estrategia para erradicar el tabaquismo en el año 2030.

Dos pinceladas sobre este texto: por una parte, compromiso del Ejecutivo británico a “monitorizar la seguridad y el impacto de los cigarrillos electrónicos, para evaluar formas innovadoras de consumir nicotina menos dañinas que el tabaco tradicional”. Asimismo, se afirma que, como parte de su compromiso de evaluar la evidencia sobre estos nuevos productos, realizarán “un llamamiento para obtener evidencia independiente para evaluar aún más la eficacia de los productos de tabaco calentado, con el fin de ayudar a dejar de fumar y reducir los daños a la salud”.

Con todo, se hace un llamamiento a la industria del tabaco para que el cigarrillo convencional de combustión quede obsoleto en 2030 y así los fumadores puedan dejarlo o sustituirlos por alternativas menos dañinas, como el cigarrillo electrónico o el tabaco calentado.

José María Fernández-Rúa

PUBLICADO EN A TU SALUD (LA RAZÓN) EL DOMINGO 1 SEPT 2019

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