El triunfo de la ingeniería biomédica

31 diciembre, 2018Caleidoscopio

«En octubre pasado, «Nature Medicine» describe el primer caso en el mundo de un paciente paralizado de cintura hacia abajo que volvió a andar de un modo independiente»

En el momento de entregar estas líneas para su publicación en “A tu Salud” el órgano oficial de la Asociación Americana para el Avance de las Ciencias no ha hecho público los avances científicos más importantes del año que ahora termina, en todo tipo de disciplinas, como es habitual desde hace varias décadas y que son seleccionados por un nutrido grupo de investigadores. En mi opinión, uno de los mayores avances fue protagonizado por un grupo de científicos de la Clínica Mayo, en Estados Unidos, cuando describieron en “Nature Medicine”, en octubre pasado, el primer caso en el mundo de un paciente paralizado de cintura hacia abajo que volvió a andar de un modo independiente. Para ello, varios cirujanos le implantaron un neuroestimulador para el tratamiento de dolor crónico, que estaba conectado a los nervios responsables del movimiento en las piernas. No es ciencia-ficción. Es una realidad fruto de la ingeniería biomédica, entre otras disciplinas. Después de 43 semanas de rehabilitación esta persona consiguió caminar de forma independiente, aunque lógicamente no con un movimiento natural. No se trata de un “cortocircuito de la médula espinal rota”.

Los investigadores creen que es posible que algunos nervios del paciente realmente no estaban completamente rotos, pero no eran suficientes para controlar las piernas. Cuando el electroestimulador se enciende, la funcionalidad de estos nervios se ve incrementada y mejorada y se vuelve a recuperar control motor. No obstante, esto es una hipótesis que todavía no está demostrada. 

Otro de los grandes hitos biomédicos de 2018 ha sido el desarrollo, cada vez mayor, de la inmunooncología que premió este año con el Nobel de Medicina a sus dos máximos descubridores, el estadounidense James P. Allison  y el japonés Tasuku Honjo. Asimismo otro avance de gran calado ha sido el inicio de la fabricación de vacunas de ácido ribonucleico mensajero (ARNm), que transfiere la información génica procedente del ácido desoxirribonucleico (ADN) del núcleo celular a un ribosoma en el citoplasma.

José María Fernández-Rúa


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