Los “héroes inadvertidos” de la crsis del COVID-19

3 abril, 2020Carioblog

Los orígenes de la farmacia se mezclan con los de la medicina, la química o la biología. Es en los siglos XVII y XVIII cuando los farmacéuticos empezaron a diferencia más de otros profesionales y comenzaron a dedicarse casi en exclusiva a descubrir y estudiar nuevos fármacos. En el siglo XIX se volvió obligatoria la colegiación de los farmacéuticos en España y cabe destacar que, en esa época, apenas se licenciaban 300 personas. Durante esos años la medicina experimenta grandes avances que permitieron también evolucionar a la farmacia.

Hasta la primera mitad del siglo XX, la producción industrial de medicamentos era muy limitada y los farmacéuticos se dedican a elaborar fórmulas magistrales a medida que los médicos las prescribían. Fue hacia la segunda mitad del siglo XX cuando la producción industrial despegó y el sector farmacéutico vivió un gran desarrollo. Además, el farmacéutico comenzó a erguirse como el actor imprescindible que es hoy en día para velar por la salud de la población.

En este sentido, las farmacias se han convertido en un centro asistencial al que las personas acuden para hacer consultas de salud complementándose con otros profesionales, como médicos y enfermeros, para brindar a las personas una atención sanitaria integral.

El modelo farmacéutico español, también conocido como modelo mediterráneo, se basa en la proximidad del farmacéutico al ciudadano. Disponer de una farmacia en cada población con independencia de su tamaño y, en la mayoría de los casos, de más de una y a una distancia que casi nunca sobrepasa los 250 metros, es un hecho insólito a nivel mundial y que propicia una atención sanitaria de primer nivel al alcance de todos.

Medicamenta non mella ‘los medicamentos no son miel’. Esta frase atribuida a Plinio el Viejo, convertida en lema de la Real Academia Nacional de Farmacia, define el trabajo y la pasión de los farmacéuticos, que suelen llevar a cabo labores tales como: atender, informar y hacer seguimiento de tratamiento y enfermedades, vigilar los posibles efectos adversos de los medicamentos, promocionar hábitos de vida saludable, participar en campañas sanitarias y realizar análisis clínicos. Además de estas labores, los farmacéuticos, realizan otra serie de actividades asistenciales como son la investigación y la docencia, en el cuidado de la salud pública y las alertas sanitarias, en la dispensación de medicamentos en los hospitales –farmacia hospitalaria- o en la distribución de los medicamentos.

Pero ¿qué ocurre con estos profesionales sanitarios cuando estalla una crisis de salud pública como la del COVID-19? Si todos somos conscientes del papel tan importante que juegan estos profesionales ¿por qué no se les da el valor que les corresponde?

La realidad es que estos profesionales son, tal y como rezan muchos de los titulares que inundan estos días los medios de comunicación, “la primera línea de batalla contra el COVID-19”. Son ellos los que, con los hospitales desbordados y los centros de Atención Primaria bloqueados, atienden a un gran número de pacientes que buscan información y consejo sin importarles si quiera si están contagiados o no. Son consuelo y fuente de información fidedigna para todos los vecinos que acuden a ellas, pero ¿realmente se está utilizando todo el potencial de la farmacia comunitaria para buscar soluciones a la crisis que nos ocupa?

La posibilidad de contribuir en hacer llegar los fármacos hospitalarios a los pacientes para tratar de que reduzcan la distancia y la duración de sus desplazamientos y, colaborar así, en rebajar la presión asistencial que viven muchos centros hospitalarios o iniciativas como la de facilitar la dispensación de medicamentos a domicilio, en aquellos casos de pacientes que lo requieran, y a la que se están sumando cada vez más CCAA, son solo algunos ejemplos de contribución por parte de la farmacia comunitaria a la lucha contra esta pandemia.

Además de estas iniciativas, existen otras muchas que ya están llevando a cabo algunos países vecinos e incluso, que se están empezando a implementarse en nuestro país, como aprovechar la extensa red de farmacias para distribuir mascarillas a la población y a otros profesionales sanitarios, autorizar a las farmacias a preparar soluciones hidro-alcohólicas con el fin de alcanzar el mayor número de ciudadanos y evitar contagios, tal y como se recomienda desde la Organización Mundial de la Salud (OMS), la puesta en marcha de un servicio de dispensación a domicilio para ciertos colectivos con la colaboración de Cruz Roja y, también, de acuerdo con las últimas recomendaciones de la OMS, considerar modelos alternativos para la prestación de atención sanitaria.

Por todas estas razones es importante que no nos olvidemos de los farmacéuticos como profesionales sanitarios que también están siendo héroes en la lucha contra el COVID-19.

Elena Sánchez de la Rica

Consultora en Cariotipo Lobby & Comunicación


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